Programación Balística
Hay dos clases de proyectiles, los dirigidos, que son controlados a lo largo de buena parte de su trayectoria hasta dar en el blanco y los balísticos, que siguen una trayectoria más o menos predecible una vez que abandonan el cañón que los lanza o la bodega del avión que los deja caer. Cualquier circunstancia que pudiera afectar su recorrido no puede ser corregida pero, al ser munición más barata, se pueden lanzar varios proyectiles contando que alguno llegará.
En programación, el equivalente de un proyectil balístico es el programa balístico, aquel que solo funciona bajo óptimas condiciones pero que, ante cualquier circunstancia, falla estrepitosamente. Son los programas que nunca se molestan en verificar el resultado de una operación, que intentan seguir adelante pues ignoran que algo ha fallado, hasta que llegan al punto donde ya nada más se puede hacer y ahí colapsan mostrando al usuario un mensaje de error indescifrable que ni siquiera sirve al programador, pues el error fatal termina dando no donde está la causa del problema sino mucho más adelante, donde la falla original provocó tal cascada de problemas que ya no sabe cómo seguir.
Muchos de estos problemas quedan enmascarados por la incertidumbre del acceso por Internet. Las comunicaciones por Internet fallan con relativa frecuencia, la página que ayer funcionaba, hoy deja de hacerlo, la línea se cae o la conexión se pone tan lenta que el usuario se va e intenta más tarde. Dentro de todas esta incertidumbres, que el programa tras la página de web falle pasa, muchas veces, desapercibido.
Hasta que uno se encuentra con el programa que falló entre hacernos el débito a la tarjeta de crédito y ordenar el envío de nuestra compra.
A los proyectiles dirigidos se les llama cada vez más proyectiles inteligentes. A los programas, también.